Atitlán: La Atlántida de los mayas

Es un prodigio que se empeña en gestionar su hermosura y sus misterios en capítulos para quien sabe leer en sus amaneceres.
El lago Atitlán, cuyo nombre maya significa “entre aguas”, tiene temperamento. El Xocomil es un viento que se produce generalmente a mediodía, cuando los vientos cálidos procedentes del sur chocan con las masas de aire frío que provienen del altiplano, formando remolinos que agitan las aguas del lago convirtiéndolas en olas muy fuertes que pueden hacer zozobrar las embarcaciones. Xocomil significa: El viento que recoge los pecados, por lo que nadie está exento.
El lago no tiene un desagüe visible y su fondo es un laberinto. Además, se dice que donde está el lago hubo una isla que fue el epicentro de la actividad maya en la época Preclásica (600 a. C. – 250 d. C). Una ciudad sumergida a la que se le ha llamado Samabaj que fue descubierta en el año 1996 por el guatemalteco Roberto Samayoa. La labor de expedición fue documentada por la arqueóloga Sonia Medrano, quien afirma que Samabaj fue un sitio ceremonial maya, ya que se observan monumentos y edificios con áreas públicas..
La Atlántida maya ha permanecido sumergida por siglos, y en esas profundidades están las evidencias de una cultura que descubrió el número cero antes que los árabes, y que sus saberes se hicieron mayores cuando aprendieron a mirar más allá de lo que dicen los ojos.

Patrocinador Oficial

PeruElDorado 2019