Para mí, este fue uno de esos viajes que no se planea, que surge de la nada, aunque si con un propósito, el dejarse fluir, el deseo de desconectarse de lo cotidiano, de romper con la rutina, de perder la noción del tiempo, de vivir el día a día, el aquí y el ahora, el momento presente, ese que ignoramos sin darnos cuenta.

Hoy, luego de varios días de estar en casa siento que solo mi cuerpo llegó a mi amada Colombia, pero mi mente y mis emociones aún no llegan, continúan conectadas a esa invaluable lista de memorables experiencias, pues no ha sido fácil olvidar el muelle del lago Atitlán, desde donde se aprecia ese hermoso! espejo de aguas azules y sus volcanes, ni tampoco olvidar la emoción que sentí al estar sentada contemplando la selva desde la pirámide más alta de Tikal en Guatemala, o esos fascinantes! atardeceres en las playas de San Luis Talpa en El Salvador como sacados de la mejor novela romántica, o en el hermoso Chicxulub en México, e imaginar cómo pudo haber sido ese lugar antes de la caída del asteroide y pensar en ¿qué tal si nunca hubiese caído?. Y qué decir de las caminatas a esos lugares fantásticos donde la magia y el misterio del mundo maya aún subsiste en sus ciudades milenarias en las tierras de Guatemala, Honduras, El Salvador y México, o imaginar cómo pudo ser la experiencia de habitar la bella gruta de Loltún, o fantasear con la vida en rosa, perdiéndose durante un bien tiempo en ese tierno color de las Playas rosadas de Las Coloradas. Volver de esa experiencia no es tan fácil, cada uno lo hace a su propio ritmo, es duro el golpe de realidad, me dijo alguien, por esa razón, me he tomado el tiempo necesario hasta juntar de nuevo mis partes y así poder estar del todo presente.

Con la ruta maya, luego de haber tenido la oportunidad de recorrer ese pedacito de cielo que fue esa pequeña parte de Centroamérica y México, me siento feliz! y traje conmigo nuevos conocimientos, nuevos amigos, nuevas experiencias, nuevas formas de pensar, nuevas formas de hacer, formas nuevas para referirme a algo, pues cada lugar al que llegas tiene unas formas de expresar, de solicitar, unos “dichos” distintos que enriquecen el lenguaje y la experiencia del viaje, pues no todo es igual a lo que ya conoces. Aún recuerdo con una inolvidable carcajada, el día que un compañero ecuatoriano quería detener la marcha de un autobús en reversa diciendo con subido tono: “bueno, bueno, bueno” y no pidiéndole parar como lo habría podido hacer alguien de otra nacionalidad, “pues en el Ecuador, de esa forma detienen la marcha de un vehículo en reversa y olvidé que no estaba allá”, expresaba. O cuando en El Salvador me decían: “A cora, a cora” y no comprendía que lo que me pedían era pagar un cuarto de dólar por el servicio.

OLGA RUTA MAYA2019 3

Terminado el viaje, la mente se abre y podemos entender más fácil al otro, respetándolo, porque comprendemos que se debe renunciar a lo ya conocido para no juzgar desde esa base, pues hay una infinidad de posibilidades, de maneras de hacer, de maneras de ver, de maneras de expresar, de maneras de pensar. Esas son las maravillosas experiencias que quedan luego de un intercambio entre culturas, la valiosa relación que se establece con personas desconocidas y los importantes vínculos que se llegan a crear.

Conocí a personas estupendas de mi lugar de procedencia y de distintas partes del mundo, que se convirtieron en compañeros de felices y satisfactorias experiencias, que a pesar de los contratiempos que pudieron surgir, los buenos momentos son aquellos que quedarán registrados para siempre en nuestra memoria; el apoyo, la amistad, el compañerismo, el optimismo y la capacidad de tomarse la vida a carcajadas, hicieron la experiencia gratificante. El tiempo en convivencia me permitió acercarme a la esencia de cada persona y recordar, que cada ser humano trae una historia y libra su propia batalla y que ésta, hoy lo configura como es. Valoré a cada persona como un mundo lleno de capacidades, de enseñanzas y de sabiduría que te pueden compartir, de la que puedes aprender y vas observando la belleza de esas almas que no son tan distintas a ti. Recuerdas, que las mejores cosas de la vida NO SON COSAS! son los lugares, son los momentos, son las experiencias. Que para que tengas una mejor convivencia debes ceder a tus individualidades, que vivir el momento presente, disminuye la ansiedad por el futuro incierto. Te das cuenta, que cuando cargas a diario en tu espalda las cosas que tienes, aprendes a vivir con menos, solo con lo necesario, sin acumular tanto y te hace cuestionar si es realmente necesario para vivir, todo lo que tienes o tal vez, todo lo que deseas tener.

OLGA RUTA MAYA2019 4

Te das cuenta, que adquieres habilidades para la vida, como la adaptabilidad, la resolución de pequeños inconvenientes, las habilidades para la negociación, para decidir sin pensar tanto y aprendes a tener una mayor apertura. Te conoces mejor a ti mismo, porque viajar no es solamente ir de un lugar para otro, es también aprender a mirar dentro de ti. Aprendes a agradecer más, a la vida, a cada día, a cada lugar, a cada persona, a cada experiencia. Hoy, guardo inmensa gratitud a quienes con amor, humildad y el mayor esmero, me abrieron las puertas de sus hogares, me enseñaron su tradición folclórica, me invitaron a su mesa para ofrecerme lo mejor de su deliciosa gastronomía, me enseñaron su trabajo cotidiano que se convierte en una gran riqueza inmaterial, me nombraron embajadora honoraria de pueblos como la Jigua Copan y del Parque Arqueológico el Puente en Honduras, de Ixinché y Tecpán en Guatemala, de Acanceh y Halachó en México, distinciones que son y serán siempre un honor llevar y en agradecimiento a este nombramiento, invitaré con los mejores adjetivos a quienes no han tenido la oportunidad de conocer esos grandiosos pueblos inscritos para siempre en mi memoria, de tal manera que les logre sembrar esa semillita de curiosidad en su ser, para que estos pueblos de generosas gentes, sean destinos obligatorios en la planeación de sus próximos viajes.

También aprendí, que podemos ser de diferentes territorios, con formas de hablar diferentes, con barreras idiomáticas en algunos casos, pero que son mayores las cosas que nos unen. Te das cuenta que los problemas sociales presentes en el territorio que visitas, son los mismos que ocurren en el territorio de donde provienes, que esos asuntos por mejorar son compartidos, como compartidas son las ganas de salir adelante. Sentimos en nuestra piel, que podemos ser de diferentes lugares del mundo, con distinto color de tez, con distinta contextura, pero cuando tienes la posibilidad de compartir una experiencia bajo unas mismas condiciones, entiendes que somos iguales, que sin importar la condición valemos igual, tenemos la misma dignidad, pero también la misma vulnerabilidad, comprendemos que somos habitantes de una misma nación llamada tierra y ese es el común denominador que nos debe conectar. Experiencias como la ruta maya donde tienes la posibilidad de estrechar la mano y los brazos de personas de otros países, de otras culturas, te permiten creer en que la hermandad entre los pueblos, esa misma que menciona Ariel en la canción que le inspiró la ruta y que tantas veces cantamos, es posible! Te das cuenta que el camino del amor y de la unión es la única forma de revolución que podemos crear, es justo ahí, donde se da el verdadero acto contestatario de revolución política, cuando nos quitamos el pasaporte de encima y el estigma de la frontera para unirnos en causas comunes lejos de competir o sobresalir.

OLGA RUTA MAYA2019 5

Luego de esta experiencia de entendimiento y convivencia entre naciones, podría asegurar que si por razones de la vida, el destino me lleva a Ecuador, Perú, Argentina, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras, México, Alemania o España, contaré con una mano amiga, alguien que podrá orientar mis pasos por esas tierras, porque experiencias así, logran construir puentes, no de frío concreto sino con la cálida fraternidad que fortalece el tejido social. Y hoy de algo también estoy segura, si fue posible construir esa hermandad entre los ciudadanos de estos pueblos, es más fácil construirla entre sus gobernantes, porque cuando las voluntades dispuestas y los corazones abiertos se sientan a dialogar en la misma mesa, todo se puede. Solo me resta agradecer a quienes hacen posible esta valiosa experiencia de vida e invitarlos a vivir la grandiosa enseñanza que traerá la ruta maya 2021, pues con estas sencillas letras me quedo corta, solo cuentan algo de la experiencia, pues hay cosas que no se pueden expresar con la palabra. La ruta del 2021 partirá desde México hasta Suramérica y será una ruta con grandes momentos, pues su duración es mucho mayor, 90! gratificantes días de aventura, que sin lugar a dudas sacará lo mejor de quienes tomemos la decisión de participar de ella.

OLGA PATRICIA TARAZONA HERNÁNDEZ

Agosto 22 de 2019, Bogotá – Colombia